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CARTA A MI ABUELA
... Y dime, abuela:
¿Qué hacen ahora los príncipes que volaban
en doradas alfombras
defendiendo, liberando
con invencible cimitarra a sus pueblos?
¿Porqué no viene Hassan,
el valiente de los caballos de oro,
en su caballo volador
para detener al maldito ejército de acero?
Mi Sette, mi Señora,
contéstame desde tu sueño, desde tu silencio,
si ellos se fueron contigo al País de los Sueños sin Despertar
y dime porqué el aire ya no huele a jazmines
sino a podredumbre, a dolor, a miseria,
a muerto, sólo a muerto...
Explícame qué es ese rugido feroz
que se derrama desde los cielos
cual lodo miserable nacido de las Parcas
cubriendo tu Sol
antes radiante, implacable,
mas al paso feroz de la bestia de Occidente
opaco de muerte.
De denso humo de muerte.
Hoy tu pueblo, tu mágico pueblo,
Luce -- en vez de rutilantes joyas --
perlas de hambre, rubíes de sangre,
y diamantes de ojos secos.
Tiene el grito en el suspiro
y las alas chamuscadas, enlodadas:
ya no puede volar y soñar
sueños maravillosos que ayudan la vida a soportar.
Hoy la realidad, mostró su más horrible faz:
la bestia, desde Occidente, clavó en ella su mirar
y miente, roba, mata, sin tener piedad.
No existe para ésta el freno,
todo es impunidad, y pisotea al más débil
y exige más muertes ¡más!
A tanto la conduce su codicia que no tiene final.
Sette, mi querida Sette,
con el alma en jirones recuerdo
todas y cada una de tus historias... tus cuentos.
Historias y cuentos que a mi fantasía de niña
hacían crecer
y crecían en mí
al imaginar los resplandores de áureos palacios,
sus aromas, sus señores,
la magia de sus encantadores
que podían ver en el fondo de una copa de cristal
todo el Universo y mucho más allá.
Hoy, el universo conmovido, enmudecido, aterrado,
puede ver – sin creer en lo que ve--
en el reflejo de una pantalla de cristal
la arbitrariedad desatada,
la prepotencia,
toda la codicia, la maldad,
de la bestia llegada de Occidente
para mentir, robar y matar.
El hielo desangra mi frente
mientras la lava mi pecho derrite
yo pido y grito ¡Paz! ¡Paz! ¡Paz!
Me responde la voz cruel de la Realidad:
Paz, imposible la paz, mientras
una gota de petróleo quede en Oriente.
Mas yo pido y grito ¡Paz!
Paz para los niños, paz para las madres,
paz para el que sufre
y paz, paz para tus pobres y cansados huesos
que tratan de descansar en paz,
después de una vida de sueños y de espera.
Por todo esto, te juro, abuela,
que es preferible estar donde tú estás
y no viva, esperando a la Muerte
que baila feliz su danza por toda la esfera.
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